Azul
I
Ya las almas se asoman
y liberan sus sombras bajo la vieja farola…
Ya los viajeros murmuran
Y dejan a un lado la mar serena.
Una pincelada de agua fría vive allí afuera,
aún lejos de las orillas,
aún lejos de las mareas.
El sendero de este invierno impreciso
esconde las manos bellas,
prohíbe cantos de grillos
y apaga la vida de las luciérnagas.
He escuchado al viento soplar en el muelle…
Y tiene un azul que cae como una mirada al piso.
Y todo es azul:
la mar helada es azul,
la penumbra debajo de la farola…
las manos escondidas…
Todo es un manto azul
que me ha cubierto esta duda de abril.
Sólo espero el renacer,
sólo espero el verde amarillento
de un amanecer cálido y esperanzado.
María Laura
II
Es como un despertar vacío
en los lugares más extraños, azul, color azul
de hemisferios que se contraen,
aguas que se niegan a las playas,
es un tiempo en propiedad de un hado...
Color del frío que se ha impuesto
tanto y tanto tiempo, que el lugar más querido
ya se halla desértico, es un velámen
expandido hacia la esperanza, sumergido...
Es azul, dolorosamente, es una cruz
forjada para hacer daño, para clavarse
a un paisaje marino, hacerlo esclavo,
para aislar las calles del puerto de todo el resto,
que sea éste, mi lugar de recreo,
amurallado de densa niebla,
que esté fuera del calendario,
que sume a mi tristeza
la sabiduría de lo que se pierde,
un contar astuto de meridianos solos,
la noche que se proyecta tras su sombra etérea,
el carisma del tiempo en que nos morimos de frío,
en que los halos de la boca vuelan,
pues el desamor los arroja de nuestros cuerpos,
eres azul...
un invierno, una llaga, lo enfermo,
un día tan largo como meses, el paso
de una hora aún por domesticar,
mi refugio y mi celda...
a resguardo de ese azul que tanto daña.
Joanna